Cosas que uno siempre dio por sentadas, como vestirse y asearse, pueden empezar a llevar mucho tiempo o volverse riesgosas conforme avanza el Parkinson. Cambiar unas pocas cosas las hace mucho más fáciles.

Importa cuándo y cómo se viste
Vístase mientras el medicamento está en su mejor momento. Moverse es más fácil una vez que el medicamento ya hizo efecto que justo después de tragar la dosis de la mañana. En lugar de sentarse al borde de la cama, siéntese en una silla firme con apoyabrazos para estabilizarse y arreglarse — es más seguro —, y un estiramiento suave antes de empezar deja los músculos menos rígidos. Al ponerse la ropa, meta primero en la manga o en la pernera el brazo o la pierna más afectada o más rígida; así resulta mucho más cómodo. Elegir qué ponerse cada mañana también consume energía y tiempo: dejar colgados de antemano los conjuntos de unos días, o simplificar las combinaciones, acorta la rutina de la mañana de forma notable.
Pruebe cambiar telas y cierres
Los botones pequeños son especialmente difíciles cuando las manos tiemblan o el movimiento fino de los dedos cuesta. Cambiar a velcro o cierres magnéticos hace mucho más fácil vestirse y desvestirse, y pueden mandarse poner en la ropa que ya tiene. Para la cintura, las bandas elásticas son más cómodas que un cinturón, y es mejor evitar telas de mucho roce, como el terciopelo, que se traban con la piel. Para los calcetines, busque los antideslizantes sin elástico apretado; para los zapatos, unos livianos con velcro o cordones elásticos.
Al asearse, primero la seguridad
La bañera o la ducha deben tener al menos dos barras de apoyo instaladas por un profesional. Los toalleros, las jaboneras y las llaves del agua nunca deben usarse como barras de apoyo: no soportan el peso y pueden desprenderse. Ponga un tapete antideslizante en el piso y use jabón líquido en lugar de una pastilla, que es menos probable que se le escape de las manos. Bajar el calentador de agua a 49 °C o menos es una forma segura de prevenir quemaduras.
Siéntese para lavarse la cara, cepillarse los dientes y afeitarse
Cepillarse los dientes, afeitarse y peinarse se hacen mejor sentado que de pie: previene caídas y ahorra energía. Apoyar los codos en el lavabo también ayuda si los brazos o los hombros se cansan rápido. Usar una afeitadora eléctrica en lugar de una hoja reduce mucho el riesgo de cortes cuando las manos tiemblan. Si se maquilla, los envases con dosificador son más fáciles de accionar que los tubos, y una brocha de mango grueso se agarra mejor que una delgada. A algunas personas les resulta más fácil el movimiento si escuchan música con un ritmo claro mientras se cepillan los dientes, porque pueden moverse al compás.
El equipo lo hace mucho más fácil
Si estar de pie por su cuenta le resulta inestable, aséese sentado en un banco de transferencia para bañera o una silla de ducha, y use una ducha de mano para tener que cambiar menos de posición. Un estante montado entre la altura del hombro y la de la rodilla le permite alcanzar el champú y el jabón sin agacharse. Las ayudas más pequeñas también sirven: un abotonador, un tirador de cierre, un calzador de calcetines. Un terapeuta ocupacional puede darle recomendaciones concretas sobre cuáles le convienen.
Si usted acompaña y ayuda
Lo más importante al ayudar a alguien a vestirse es dar tiempo de sobra. Apurar empeora los síntomas por el estrés, y a menudo termina con la persona sin poder hacer ni siquiera las partes que habría podido sola. Elegir ropa de formas fáciles de asistir — prendas que abren adelante, ropa interior que se abrocha al frente — también reduce la carga para usted. Cuando ayude, dé instrucciones cortas y simples, de a una por vez («primero este brazo»); son más fáciles de seguir que varios movimientos explicados de golpe.
Esté preparado por si acaso
Si se cae en el baño puede ser difícil pedir ayuda, así que tenga un teléfono o un dispositivo de llamada de emergencia al alcance. Si asearse solo le preocupa, una opción es elegir un momento en que haya alguien cerca.
Este artículo no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento médico. Si las actividades diarias le cuestan mucho, considere pedir una derivación a un terapeuta ocupacional.


